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Como un chihuahua puede transformar a una persona para bien. Los chihuahuas son comparados en la raza de los perros como diamantes, es un lujo tener uno.

De siempre me han gustado mucho los perros. Pero todo empezó cuando mi hijo José Antonio tenía tres años. Le gustaban mucho los animales, de cualquier tipo de animal se enamoraba enseguida. Era y es muy cuidadoso con los animales, disfrutaba teniendo en casa cualquier animal, para poder compartir su vida con el. La familia lo sabía y así comenzó todo, le traían un perrito tras otro. Pero mi mujer tras sufrir una pequeña mordedura de un misto lobo de pequeña. Les había cogido miedo y quizás un poco de manía a los perros. Aunque su padre siempre tuvo podencos para cazar, además de otros muchos animales, pues a mi suegro le gustaban los animales como a mi hijo. A pesar de criarse con perros y animales de mucho tipo, ella no podía con los animales. Así que a los perros que le traían al niño, ella les buscaba otro hogar enseguida, antes de que el niño se encariñara con ellos.

En una ocasión mi suegra le pregunto al niño: - ¿Qué quieres que te traigan los reyes magos en la casa de la abuela?
El niño que tenía muy claro lo que quería, le contesto: - Que un perro que no crezca nunca, para que mi madre no lo dé y sea mi mascota.

Esa contestación se le metió en el alma a mi suegra, así que se fue a recorrer tiendas de animales, puesto que en aquel entonces no teníamos ordenador.
Todos los de las tiendas le decían lo mismo: - Un chihuahua no es para un niño, puesto que el niño le puede dar un golpe o que se le caiga y el chihuahua puede morir. Y bien si el niño lo atosiga mucho, también el chihuahua le puede coger manía. Mi suegra un poco cabreada le dijo a los de las tiendas, que ellos no conocían a su nieto, que jamás le haría daño a un animal. Y así llego Chispa a nuestra vida, con unos seis meses de edad, puesto que era para un niño pequeño.
Cuando mi mujer vio a la Chispa entrar en casa lo primero que dijo, ante la expectación del niño fue:- Si se hace pis o caca, que se la lleve mi madre y no quiero saber nada de echarle de comer, agua, ni de baños, no quiero saber nada de la Chispa, vosotros tendréis que cuidarla. En ese momento fue muy dura con el niño, pero era lo que realmente sentía.

Así transcurrieron dos años y a mi mujer se la veía un poco mas tranquila respecto a la Chispa, aunque no del todo relajada. Ella veía como disfrutábamos todos de ella, lo lista que era, aunque mi mujer necesitaba algo más de la Chispa. De vez en cuando le decía algo, o le ponía normas, para que las cumpliera la Chispa, pero nada más. Su autentica transformación ocurrió, cuando la Chispa le demostró lo que un chihuahua era y es capaz de hacer por su familia. Eso fue cuando mi mujer se quedo en estado de mi hija Yesenia. A la chispa le dio por querer escucharle el vientre a mi mujer, pero ella siempre la apartaba y no la dejaba. Hasta que un día mi suegra cogió a la Chispa y se la puso en el vientre a mi mujer, que estaría mas o menos de unos ocho meses de gestación. Chispa estuvo mucho rato escuchando el vientre de mi mujer por los dos lados, buscando el movimiento de Yesenia, con sus orejas muy tiesas, demostrando así que esta escuchando a la niña. Chispa confirmo todas sus sospechas que un bebe vendría dentro de poco. Así que ya no volvió a tener la necesidad de volver a escuchar el vientre de mi mujer.
Pero hay no término todo, cuando vino al mundo nuestra hija Yesenia y nos fuimos a casa. La Chispa esperaba a mi mujer con impaciencia y cuando la vio, dio unos saltos tremendos, llegándole a mi mujer a la cabeza, siendo Chispa una chihuahua muy pequeña. Hay fue donde mi mujer la cogio y la tranquilizo un poco. Aunque no se le había pasado todo, pues se metió debajo de la cuna de la niña y empezó a pasearse y lloriquear. Mi suegra cogio a la Chispa y la asomo por fuera de la cuna, Chispa miro y olisqueo, hay si se le pasó todo ya sabia quien era el nuevo miembro de la familia. Tanto fue así que siempre estaba debajo de la cuna, cuando la niña se dormía y cuando se despertaba iba de inmediato a avisar a mi mujer de que la niña ya se había despertado. A mi hija Yesenia la tuvimos que ingresar a los ocho días de haber nacido, porque echaba unas bocanas tremendas y otras veces vomitaba el biberón entero.

En el hospital solo podíamos estar con nuestra hija para darle el biberón y cambiarle el pañal. Cuando llegábamos a casa, la chispa nos esperaba desconcertada, pues otra vez volvíamos sin la niña. Mi mujer se sentaba en el sofá, pues estaba agotada y muy preocupada por la niña, y Chispa desde el suelo la miraba con lagrimas cayéndole por su carita tan pequeña. Mi mujer se conmovió mucho y la tomaba, acariciaba, pero la Chispa no mejoraba, era tanta la pena que tenia, no comía apenas, estaba triste y solo esperaba nuestra llegada para ver si nuestra hija llegaba con nosotros. A mi hija le diagnosticaron reflujo en el estomago, tenia un poco mas de lo normal, y con tan solo un jarabe que le mandaron, mi hija se le quito todo. Tanto fue así, que ha sido y es una niña muy sana. Cuando lleguemos a casa todos contentos de ver la cantidad de pruebas que le habían hecho a nuestra hija y todas salieron bien, solo tenia un poco de reflujo, en una niña que peso al nacer cuatro kilos doscientos.

La Chispa cuando vio a la niña lloro de alegría, corrió por toda la casa, se puso como loca de alegría. Y siguió cuidando de nuestra hija. Fue transcurriendo el tiempo y la niña empezó a gatear, andar y correr, con nuestra chispa. Con un año más o menos, cuando nuestra hija se sentaba a ver los dibujos en la tele, Chispa se sentaba con ella. Mientras Yesenia fue un bebe y una niña pequeña, Chispa no se separo de su lado y del lado de mi mujer. Hay paso mi mujer de no querer saber nada de la Chispa, a quererla con locura. Se convirtió en una apasionada de la raza de los chihuahuas. Chispa cuando salgo de trabajar, que trabajo a unos quince minutos de casa, ella unos cinco minutos antes de que llegue, ya avisa a la familia de que llego a casa y me espera en la escalera, para recibirme. Los veterinarios se han asombrado de la transformación tan enorme de mi mujer, de no querer a los perros, a quererlos como casi quiere a sus hijos.

La verdad es que la raza de los chihuahuas engancha y eso solo lo sabemos, los que tenemos chihuahuas. Es tanto lo que te dan, en tan poco tamaño y poco trabajo, que te enamoran enseguida.

Así fuimos adquiriendo chihuahuas hembras del mismo criadero del que procedía nuestra Chispa. Y estamos encantados con nuestros chihuahuas.


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